Festival de perforchoroní V

Una acción inútil es plantar una bellota en uno de los muchos huecos vacíos de las calles, a la espera de que cuando nazca el árbol y crezca después de muchos años, y se haga un  robusto ejemplar centenario, la ciudad haya caído por entonces en una decadencia absoluta y la naturaleza salvaje la inunde.

La vida está llena de acciones inútiles que la gente aplaude. ¿Por qué habría de causar estupor sembrar un roble en una fisura del alquitrán en una calzada?

Nuestra contracción se llevará hasta el límite de plantar bellotas por toda la ciudad, mediante una actitud provocativa en lo que se refiere al número de simientes y lugares de implantación. Se buscará el reproche social por estar realizando una labor utópica, infecunda e inverosímil.

Para que la acción sea efectiva y se convierta en contracción deberá buscarse la colaboración de colegios e institutos (si fuera necesario se creará una organización ecologista urbana). No es probable que los padres de los niños dejen a sus hijos intervenir en asuntos fútiles así que se les dirá que lo importante está en la intención y en la concienciación, además de servir como práctica para una futura siembra en lugares naturales. Si es preciso, se prometerá un caramelo por cada bellota que se plante.

Pero en caso de no obtener respuesta educativa, deberemos ser nosotros mismos los que iniciemos la acción. Para ello, prepararemos una expedición a un bosque de encinas o de robles, se llenarán sacos de bellotas y en los días subsiguiente se comenzará la labor. Durante semanas (contando o no con diferentes grupos de voluntarios), se inocularán los huecos de las calles con bellotas e incluso se fabricarán los que hagan falta rompiendo el cemento con pequeñas piquetas. Por supuesto, se evitarán los jardines y los espacios ocupados por otros árboles. En realidad, los pequeños espacios que deben interesarnos serán las grietas en el asfalto, las fisuras en las aceras y los resquicios de bordillos.

Una vez que acabe la acción (en caso de que la municipalía no la interrumpa alegando desórdenes indemostrables), no cabe duda de que la reacción general generada será de repudio hacia la performance en general, el arte de acción y cualquier otra manifestación semejante.

Algo positivo habremos conseguido entonces, además de poner en evidencia cientos de oquedades.

Texto publicado en la revista DESPLEGABLE, N.1 (2005, Valencia)

 

 

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